-Debería tener más sentido común y no beber -murmuró arrastrando las palabras. Yo me
senté frente a él-. Me impulsa a cometer estupideces y después me siento mal. Es una
idiotez seguir bebiendo cuando el alcohol no ha hecho nada por mí salvo añadirme
problemas. Madre, ¿qué me ocurre? Ni siquiera puedo emborracharme para aturdirme. Soy
demasiado sensible. Un día oí por casualidad que Jory te decía que estaba construyendo ese
maravilloso clíper para regalármelo, y eso me mantuvo secretamente entusiasmado. Nunca
nadie ha dedicado meses y meses para hacerme un regalo.... pero, ya ves, está roto. Jory
hizo un buen trabajo, se preocupó mucho de que todo fuese exacto. Y ahora todo está en la
basura.
Parecía infantil, vulnerable y accesible, y yo iba a intentar llegar a él, iba a intentar darle
hasta el último gramo de amor que yo tenía. Cuando estaba borracho no era mezquino, ni
bobo, sino adorable y conmovedor en su humanidad.
-Cariño, Jory te construirá otro con mucho gusto -aseguré sin estar segura de que a Jory le
gustara repetir aquella laboriosa tarea.
-No, madre. Ahora ya no lo quiero. Algo sucedería también al otro. Así es como me trata la
vida. Tiene una forma cruel de arrebatarme lo que más quiero. Para mí no hay felicidad ni
amor esperándome a la vuelta de la esquina del mañana. Nunca consigo lo que realmente
quiero, el «deseo de mi corazón», como yo solía llamar a los sueños imposibles de mi
juventud. ¿No era eso infantil y tonto? No es de extrañar que sintieras lástima de mí... Yo
quería mucho, demasiado. jamás estaba satisfecho. Tú y ese hombre al que amas me disteis
cuanto yo decía que deseaba y muchas cosas que ni tan siquiera había mencionado; sin
embargo, nunca me brindasteis felicidad. De modo que he decidido no preocuparme por
nada nunca más. El baile de Navidad no me hubiera proporcionado alegría aunque los
invitados hubiesen comparecido porque yo hubiera seguido sin impresionarles. En mi
interior, durante todo el tiempo, sabía que mi fiesta resultaría ser un fracaso más, como
todas las otras fiestas que tú solías ofrecerme. A pesar de ello, seguí adelante y me estimulé
pensando que si esta noche tenía éxito, sentaría un precedente, por así decirlo, y mi vida
mejoraría. -Mi hijo me estaba hablando como nunca había hecho con anterioridad. El
alcohol le desinhibía-. Qué idiota, ¿no crees? -prosiguió-. Cindy tiene razón cuando me
llama rata e imbécil. Me miro en los espejos y veo un hombre atractivo, muy parecido a mi
padre, a quien aseguras que amaste más que a cualquier otro hombre. Pero siento que por
dentro no soy bello; por dentro soy más feo que el pecado.
»Cuando me despierto por las mañanas, siento el aire fresco de la montaña, admiro el rocío
centelleante en las rosas, contemplo el sol de invierno brillando en la nieve y todo ello me
transmite que quizá la vida me ofrezca una oportunidad a pesar de todo. Tengo la esperanza
de que algún día encontraré mi auténtico yo, el yo que puede agradarme. Por eso hace
algunos meses decidí hacer de esta Navidad la más feliz de nuestras vidas, no sólo por Jory,
que se lo merece, sino por ti y por mí mismo. Crees que no quiero a Jory, pero yo lo quiero
mucho. -Apoyó la cabeza en sus manos ansiosas y lanzó un pesado suspiro-. Es la hora de
las confesiones, madre. También siento odio hacia Cindy. No lo negaré. No siento afecto
alguno por ella. Ella no ha hecho más que robarme... Ni tan siquiera es uno de nosotros.
Jory siempre se ha llevado la parte más importante de tu cariño, la parte que a ti te sobra
después de entregar lo mejor a tu hermano. Yo nunca he tenido la mejor parte del cariño de
nadie. Pensaba que Melodie me concedía tal privilegio. Ahora sé que ella hubiera tomado a
cualquier hombre para sustituir a Jory, a cualquier hombre que estuviera disponible y
deseoso. Ahora la odio por eso, tanto como desprecio a Cindy.
No hay comentarios:
Publicar un comentario